No me dejen sola
Conmigo,
Que soy aburrida hasta la muerte.
Y medio demente,
Reproduciendo depresiones de la nada;
Escupiendo estupideces al aire.
Ya no me concentro en los libros,
Ni me posee el trazo
Adolescente en blanco y negro;
Solo me quedo muda,
Y en mi empiezo a plantear
Filosofías baratas.
Me recito a mí misma
Y al desafortunado que me orbite
Toda mi triste perorata.
Me sacudo como un perro
Del lodo en el que nunca
He ido a revolcarme.
No me dejen sola conmigo
Que a veces imagino que la estrangulo,
O que le abro el cuello
Con todas las uñas de mi estómago.
Sueño que al enterrarla quemo el árbol
Donde crecen sus manzanas.
viernes, 10 de junio de 2011
viernes, 18 de marzo de 2011
Ab imo pectore
Es cierto que mi perfume
más que perfume es un repelente nato,
que a veces el cansancio
se me desmaya en las contracturas
y que voy a sacar trece canas
por cada cigarrillo que no fumé.
Es verdad también que por las noches
un insomnio polifacético me brota
y se extiende a mis vasijas sa(n)gradas
como variedad alotrópica de una ansiedad mutilada,
que soy generosa con la melancolía
y que amo sus lap-dances elegantes.
Tampoco soy capaz de negar
que mi corazón es un órgano enclenque
(principalmente por la falta de ejercicio),
un golem de arcilla subyugado por el intelecto
que lo que más anhela
es un pájaro que me atraviese la garganta.
más que perfume es un repelente nato,
que a veces el cansancio
se me desmaya en las contracturas
y que voy a sacar trece canas
por cada cigarrillo que no fumé.
Es verdad también que por las noches
un insomnio polifacético me brota
y se extiende a mis vasijas sa(n)gradas
como variedad alotrópica de una ansiedad mutilada,
que soy generosa con la melancolía
y que amo sus lap-dances elegantes.
Tampoco soy capaz de negar
que mi corazón es un órgano enclenque
(principalmente por la falta de ejercicio),
un golem de arcilla subyugado por el intelecto
que lo que más anhela
es un pájaro que me atraviese la garganta.
viernes, 28 de enero de 2011
Crema Chantilly.
Una tarde de 1947, Clara salía del trabajo. Sabía que debía ser un día especial, ya que normalmente terminaba cansadísima, pero ese día no. Al curzar la puerta de la oficina, se sintió viva, mucho más que de costumbre. No debía, pero se tentó al pasar por una pastelería y ordenó una tarta de fresas glaseada con crema chantilly. Se la envolvieron para llevar y pensó "No sé que estoy haciendo... Después de todo, a mi no me gustan las fresas". Le pagó a la cajera, salió del local y ahí si que se sintió perdida, observando las calles llenas de gente, el cielo de color vainilla y a ella misma, con un pastel de fresas glaseado."Más desorientada que Adán el día de la madre, ¿No?" Escuchó de la nada. Una vocesita rasposa que venía de una de las mesas de la pastelería le llamó. Era un jovencita, en apariencia no debía de tener más de 16 años. Tenía un vestido azul, clásico, sin muchos sobresaltos, en contraste con el vestido café oscuro de Clara. Un sombrero del mismo color completaba su excéntrico atuendo. Y un cabello negro y largo, sobre una tez blanca como una pompa de algodón, le hacía recordar a Blancanieves.
Lo único que atinó a responder Clara fué un seco "¿Perdón? Claro que no estoy perdida...". Entonces la extraña muchacha le preguntó "Y entonces, ¿Adónde vas ahora?". Y dió justo en el clavo, por que Clara no tenía idea. De repente recordó: Tenía una cita con su madre para ir a provarse los vestidos que usarían en la boda de Clara. Si, Clara estaba comprometida. ¿Cómo pudo habérsele olvidado?
"Tengo que irme" le respondió algo molesta, pero la chica insistió en ir con ella. Ya habiendo caminado unas cuadras, la chica le dijo que era nueva en la ciudad y no sabía dónde encontrar casa. Había estado viviendo con su madre, pero ésta falleció de una grave enfermedad y vino a la ciudad a buscar a su padre, de quién no tenía noticias desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Se le ocurrió ir hasta allí porque era su ciudad natal. Clara escuchaba con atención, pero simulando desinterés. Hasta que la chica paró en un lugar. Era la puerta del cementerio. Quedó como congelada y con la vista vacia. Clara le preguntó si estaba bien, pero la chica corrió hacia adentro y se perdió en la maleza. Clara no sabía si entrar a buscarla o qué. Al final entró. Ya estaba comenzando a caer la noche y todo permanecía oscuro. Lápidas y más lápidas parecían mirarla a medida que avanzaba. No se sentía cómoda y se maldijo por entrar. Al final llegó a una especie de jardin, con un árbol de enormes raíces en el centro. No tenía hojas, y parecía que podía cobrar vida en cualquier momento. Ella lo miró, hasta que una voz la asustó: "No deberías estar sóla acá. Te pueden comer los bichos"... Ella dió un grito ensordecedor para ver aun hombre de unos 60 años atrás de ella. Tenía un aspecto sombrio, pero prefirió no decir nada. Era el cuidador del cementerio en sus propias palabras y practicamente la invitó rudamente a irse. Clara le consultó por una chica, de unos 16 años, con aspecto fantasmagórico, a lo que el hombre le respondió: "Sí, la ví e hice una sopa con sus huesos". Antes de que Clara pudiera gritar de nuevo, el cuidador le dijo que estaba bromeando y que no había visto a nadie así. Dicho esto Clara se apresuró en irse.
Todavía muy cansada, llegó a su casa. Su madre casi le saca la cabeza por haber faltado a la cita de probarse los vestidos. "¿Qué es eso?" Le consultó su mamá, señalando la tarta de fresas que Clara aún tenía en sus manos, prolijamente envuelta como para regalar. Ella dudó en responder. "Se ve apetitosa" sentenció la madre, pero Clara le respondió que no la toque porque a la mañana, a primera hora, iría a devolverla a la pasteleria. Después de un segundo, intentó borrar de su mente lo que pasó esa extraña tarde. Pero lo que Clara no sabía era que a la mañana siguiente, cuando despertara, todo habría de cambiar cuando viera en los periódicos la noticia de que su prometido, a quién le iba a entregar su vida, estaba detenido por el crimen de Beatriz Corrales Oviedo, una joven de 16 años que acababa de llegar a la ciudad en busca de su padre, a quién había raptado cuando caminaba por la calle, y a quien violó y asesinó dejándola en un descampado de la ciudad.Y lo que ni Clara ni su prometido ni nadie sabían, era que el postre favorito de Beatriz era la tarta de fresas glaseada con crema chantilly.
¿Coincidencia?...
