Hoy quiero compartir con ustedes lo que para mí es mi mejor cuento...
Las mañanas de invierno son un momento especial del año. O al menos, así lo sentía ella, adoradora de un café con leche, tostados, y ese delicioso jugo de naranja que su madre le preparaba todas las mañanas, antes de ir a esa cárcel pública llamada también "Colegio". Esa mañana en particular no tenía nada de especial, miraba las noticias mientras desayunaba, ya con el uniforme carcelero puesto, uniforme que, con 16 años, detestaba con toda su alma. A ella, la solitaria, no le gustaba vestir igual que al resto. Pero esas eran las reglas del juego, y todavía estaba aprendiendo a respetarlas.
Así que, sin más, tomó su morral cubierto de pines, y salió a pelearla. Caminaba ese camino usual que había tomado toda su vida para ir a su colegio, también de "toda la vida". Más monótono, imposible. Caminaba, con esa típica sensación de estar dirijiéndose al matadero. Pensaba que las costumbres pueden llegar a ser tediosas, pero en esa mañana de invierno de sus 16, quizás por el destino, quizás por las casualidad o la causalidad, se topó con él. Casi sin darse cuenta, mientras su mente divagaba entre canciones que nunca serían y amores que jamás ocurrirían, él se fijo en ella y se acercó, así sin mas, en el medio de la calle. Le dijo "Hola", cosa que la hizo volver a la realidad, y darse cuenta de que un extraño (bastante apuesto por cierto), le estaba dirigiendo la palabra. A ella, la chica anónima, que sólo se animaba a soñar con canciones de amor, pero no se atrevía a vivirlas. Pero ésta vez fué distinto: ésta vez, ella también le dijo "Hola...". Él le dijo que estaba regresando de una noche de desvelo en lo de un amigo, que se sentía solo caminando por la calle en esa fría mañana de junio, y que había reparado en ella. Le propuso algo de lo más interesante: matar la soledad mutuamente. A ella la idea le pareció refrescante, y aceptó. Así siguieron caminando juntos. A ella le llamaba la atención: Por más que hiciera bastante frío, él sólo tenía una remera negra de mangas cortas con unas bermúdas marrones. Tiritaba un poco, pero parecía encantado con la situación. Sonreía mucho, y cuando la miraba, ella le huía. Él, quizás en un intento torpe de romper el hielo, le preguntó "Estás yendo al colegio, no?" Ella lo miró como quién dice algo tontamente obvio y el se rió fuerte: "Es que estaba muy seria! Y decime, cuál es tu nombre?" Intercambiaron ese mero trámite, y ella se animó a preguntarle su edad, aunque se sorprendió de sí misma por ser tan suelta con alguien a quién acababa de conocer. Él le dijo que tenía unos 21 o 22, ella no recuerda muy bien la edad, tampoco es que importe, pero el no parecía tener la edad que acusaba, parecía un chico de su misma edad. Tenía el cabello negro, corto pero largo, algo difícil de determinar. Tenía unas zapatillas medio nuevas, medio viejas, ese detalle ciertamente le atrajo mucho. De repente, él se detuvo a mirar sus pines. "¿Te gusta el rock? Lo digo por los pines en tu bolso". En efecto, la solitaria era una fanática viciosa de dicho estilo, y fue muy grata la sorpresa de darse cuenta de que el trasnochador tocaba en una banda. "Justo de ahí vuelvo, pasamos la noche ensayando. Llevo un año en mi banda, no es nada serio, es un hobby mas que nada, aunque solemos tocar en pubs. Yo toco el bajo". Esto le resultaba un tanto gracioso, pues no se imaginaba al muchacho en una banda, pero era divertido intentar verlo en un concierto, arriba del escenario, lleno de mística y de pasión. A el le gustó observar que ella parecía muy divertida mientras el contaba detalles de sus ensayos, aunque después se puso algo serio relatando sus días de facultad: "Yo no soy de acá, estoy estudiando. Vivo sólo en una departamento, que está cerca de acá. ¿Querés conocerlo? No tenés que pasar ni nada si no querés, además tenés colegio no?" Ella lo miró, y quería entrar. Quería saber más, estaba bastante ansiosa. Pero se reservó y asentió tranquila, y por primera vez en toda su vida, la solitaria se desvió de su camino de siempre], aunque no demasiado. Siguieron caminando, hablando más, descubriéndose más, matando mucho más la soledad. Pero al fin llegaron al edificio. Parecía un lugar muy sobrio, muy "cheto". Tenía rejas verdes y una especie de jardín en la entrada. Ella se había imaginado otra cosa, algo menos estructurado, aunque el lugar tenía un clima agradable. Fué allí cuando sus caminos se desviaron, el le dijo que moría de sueño, y ella le echó la culpa a la cárcel. Se pasaron mails, y él la invitó a que pase cualquier día por su departamente si le apetecía. Ella le dijo que, alguna vez, podrían repetir lo de esa mañana y el parecío alegrarse. Ella se fué a su colegio, él a la cama. Nunca más se volverían a ver.
Todavía hoy, ella recuerda las repercusiones de tal encuentro, como sus "amigas" le cuestionaron el echo de que no lo conocía, y le había acompañado hasta su departamento, que quién sabe que podría haberle echo, pero ella no escuchó. Sólo recuerda a ese muchacho, lleno de vida por más que estuviera muerto de sueño, cómo le alegró la mañana. Todabía hoy, ella se pregunta por que él no se conectó nunca en el MSN, porqué nunca se volvió a encontrar con él en ese camino tedioso de todos los días. Pero eso no es lo importante. Porque a ella, que era tan solitaria, ese encuentro la cambió, ya que pudo matar su soledad con la dulce compañía de alguien que no esperaba nada de ella. Y, todavía hoy, cuando pasa por el edificio de aquél muchacho (porque su actual pareja vive cerca de allí), se siente bien al darse cuenta de que, de alguna u otra manera, aún es capaz de sacarle una grata sonrisa.
lunes, 4 de octubre de 2010
viernes, 1 de octubre de 2010
No soporto mis silencios
No soporto mis silencios,
y estoy pensando en mil cosas,
ninguna es útil, sigo muda.
Imaginarme viva,
imaginarme amando,
imaginarme dibujando una silueta que te sorprenda
y te haga llorar.
Imaginar que me lees
y miras un espejo.
Sigo tácita como las hojas de otoño
que no he visto caer.
Envuelta en humaredas de carbón,
huesos muertos,
petroleo amargo me invade si estoy quieta
y soy el mar.
Soy inmensa, eterna
en mí cuando callo y soy nada.
Soy efímera, humana.
Y así, una y otra vez
me elimino a mi misma
como en sumas algebraicas.
Y por más que te diga
seguiré en silencio.
No me soporto,
no soporto mis silencios.
y estoy pensando en mil cosas,
ninguna es útil, sigo muda.
Imaginarme viva,
imaginarme amando,
imaginarme dibujando una silueta que te sorprenda
y te haga llorar.
Imaginar que me lees
y miras un espejo.
Sigo tácita como las hojas de otoño
que no he visto caer.
Envuelta en humaredas de carbón,
huesos muertos,
petroleo amargo me invade si estoy quieta
y soy el mar.
Soy inmensa, eterna
en mí cuando callo y soy nada.
Soy efímera, humana.
Y así, una y otra vez
me elimino a mi misma
como en sumas algebraicas.
Y por más que te diga
seguiré en silencio.
No me soporto,
no soporto mis silencios.
jueves, 24 de junio de 2010
Una descripción abstracta y dos alucinaciones sin sentido.
Ejercicio de descripción.
La tarde no es cálida, es sofocante.
El aire húmedo pesa sobre mí, intoxicando mis pulmones en una mezcla de sudor y fuego.
La ropa se pega cual látex sobre mi piel, y cualquier movimiento es en vano.
Respira profundo una bocanada de aire en lamas que no hará nada para calmar tu desesperación.
Una gota de sudor resbala entre mis pechos, es una gota menos de agua en mi cuerpo y una gota más que exigirán las papilas en mi lengua.
¿Cuándo volverás, invierno estéril? Para arrasar con mis labios desérticos y partidos, e invadir mi cuerpo con temblores incesantes.
Smoke up and kiss me.
Smoke up and kiss me,
Smoke up and share it with me.
Let's go up high where no-one can reach us,
Where skin feels soft and lips smile wide
My blown up pupils will take in light,
Only meant for those who were blind.
La fruta prohibida.
Me hiciste la fruta prohibida, y ni siquiera lo notaste.
Creo que lo que quiero decir es: gracias.
-k
La tarde no es cálida, es sofocante.
El aire húmedo pesa sobre mí, intoxicando mis pulmones en una mezcla de sudor y fuego.
La ropa se pega cual látex sobre mi piel, y cualquier movimiento es en vano.
Respira profundo una bocanada de aire en lamas que no hará nada para calmar tu desesperación.
Una gota de sudor resbala entre mis pechos, es una gota menos de agua en mi cuerpo y una gota más que exigirán las papilas en mi lengua.
¿Cuándo volverás, invierno estéril? Para arrasar con mis labios desérticos y partidos, e invadir mi cuerpo con temblores incesantes.
Smoke up and kiss me.
Smoke up and kiss me,
Smoke up and share it with me.
Let's go up high where no-one can reach us,
Where skin feels soft and lips smile wide
My blown up pupils will take in light,
Only meant for those who were blind.
La fruta prohibida.
Me hiciste la fruta prohibida, y ni siquiera lo notaste.
Creo que lo que quiero decir es: gracias.
-k
viernes, 2 de abril de 2010
Agripnia
En la tricentésima nonagésima segunda vuelta
que se dá sobre la amohada
es casi inevitable el viaje por la oquedad
de un grito que la Oscuridad profana,
enredarse en delirios, travesías imaginarias,
caer en el Mundo Sutil que a la mayoría espanta.
Sonreírle, ya sin temor, al Monstruo Come-manzanas
habitante añejo de las profundidades de tu cama,
y bailar de nuevo con aquél cadáver
que uno siempre guarda entre las sábanas,
o lanzarle un beso tierno a tu mitad lesbiana
Cuán irresistible parece también
filosofías, paradigmas encerrar,
como si de luciérganas se tratara,
iluminar con ellas, improvisados faroles,
los senderos perdidos en la Migraña,
o quizás transformarse en la nueva plaga,
masticar como lápices los buenos modales,
e invitar y agasajar a las demás cucarachas
con los restos de una fiebre azucarada,
tejer manteles con las telarañas
que la Memoria pueblan y fácilmente engañan.
... hasta que una de tus personalidades se acerque
e intente convencerte de que loco no estás,
y si no quieres que todo se repita
las pastillas que te recetaron,
antes de dormir, recordarás tomar.
que se dá sobre la amohada
es casi inevitable el viaje por la oquedad
de un grito que la Oscuridad profana,
enredarse en delirios, travesías imaginarias,
caer en el Mundo Sutil que a la mayoría espanta.
Sonreírle, ya sin temor, al Monstruo Come-manzanas
habitante añejo de las profundidades de tu cama,
y bailar de nuevo con aquél cadáver
que uno siempre guarda entre las sábanas,
o lanzarle un beso tierno a tu mitad lesbiana
Cuán irresistible parece también
filosofías, paradigmas encerrar,
como si de luciérganas se tratara,
iluminar con ellas, improvisados faroles,
los senderos perdidos en la Migraña,
o quizás transformarse en la nueva plaga,
masticar como lápices los buenos modales,
e invitar y agasajar a las demás cucarachas
con los restos de una fiebre azucarada,
tejer manteles con las telarañas
que la Memoria pueblan y fácilmente engañan.
... hasta que una de tus personalidades se acerque
e intente convencerte de que loco no estás,
y si no quieres que todo se repita
las pastillas que te recetaron,
antes de dormir, recordarás tomar.
miércoles, 17 de marzo de 2010
Dos escritos cortos.
Te voy a escribir, pero
No empezaré por tu nombre olvidado,
Yo quiero olvidarlo también.
No te voy a describir,
No te voy a dibujar, no te voy a sufrir.
Solo te escribiré en una historia
Donde me lees.
Momento Histórico
Mentira sublime,
Moda, mediana, media.
Sublime como un ángel, mentira baja, porquería…
Quiero morir en dos palabras,
De felicidad, de nostalgia…
Todo se disuelve en el juego
De palabras que corretean en un campo,
El pasto es de tinta.
Éxtasis de una línea,
fugaz.
No empezaré por tu nombre olvidado,
Yo quiero olvidarlo también.
No te voy a describir,
No te voy a dibujar, no te voy a sufrir.
Solo te escribiré en una historia
Donde me lees.
Momento Histórico
Mentira sublime,
Moda, mediana, media.
Sublime como un ángel, mentira baja, porquería…
Quiero morir en dos palabras,
De felicidad, de nostalgia…
Todo se disuelve en el juego
De palabras que corretean en un campo,
El pasto es de tinta.
Éxtasis de una línea,
fugaz.
martes, 16 de marzo de 2010
Autorretrete
Yo no soy más que un puñado de hojarasca
humedecida, moldeada,
recubierta por un óxido blanco
que huele a jabón o a inexperiencia,
con pedazos de caracola incrustados en la garganta,
un bouquet de calambres prematuros,
una serie de cóncavos y convexos mal ubicada,
un ofidiario de cobre subversivo,
penínsulas de fenitoína, pensamientos radioactivos,
sueños de querargirita, esperanzas de trapo
y algún que otro vapor tóxico como Aliento Divino.
humedecida, moldeada,
recubierta por un óxido blanco
que huele a jabón o a inexperiencia,
con pedazos de caracola incrustados en la garganta,
un bouquet de calambres prematuros,
una serie de cóncavos y convexos mal ubicada,
un ofidiario de cobre subversivo,
penínsulas de fenitoína, pensamientos radioactivos,
sueños de querargirita, esperanzas de trapo
y algún que otro vapor tóxico como Aliento Divino.
domingo, 7 de marzo de 2010
Goodnight Socialite
>>Clock, clock, clock<<
Paso a paso se anuncia tu llegada.
>>clock, clock, clock<<
Termina la acera y cruza el umbral.
Tres horas de espera junto a la ventana. Son tres horas disipadas junto al humo de mis cigarrillos.
>>clock, clock, clock<<
Imagino tu figura.
>>clock, clock, clock<<
Tal vez en verdad no existas.
La razón me ha abandonado, como lo hicieron los años. Y lo único constante son las arrugas sobre mi frente.
La vida me ha enseñado paciencia, así que tomate tu tiempo. Espera junto a la puerta si así lo deseas, de cualquier forma me encontrarás junto a la ventana.
>>Clock, clock, clock<<
Espera solo un poco. El semblante me falla, pero supongo que es de esperarse.
Dime si no, ¿que anfitrión no ha temido tu visita?
Perdona mis manos temblantes, no son mas que vestigios de humanidad en este cuerpo casi plástico, casi prefabricado.
>>clock, clock, clock<<
Ya casi advierto tu aroma, y lo helado de tu aliento. Detente reloj y abrazame por última vez viejo hermano.
>>clock<<
Una ráfaga de viento vuela las cenizas del tabaco. ¿O ha sido mi propio suspiro?
Han sido los últimos destellos de mis sentidos, al tiempo que se apagan y duermo.
Paso a paso se anuncia tu llegada.
>>clock, clock, clock<<
Termina la acera y cruza el umbral.
Tres horas de espera junto a la ventana. Son tres horas disipadas junto al humo de mis cigarrillos.
>>clock, clock, clock<<
Imagino tu figura.
>>clock, clock, clock<<
Tal vez en verdad no existas.
La razón me ha abandonado, como lo hicieron los años. Y lo único constante son las arrugas sobre mi frente.
La vida me ha enseñado paciencia, así que tomate tu tiempo. Espera junto a la puerta si así lo deseas, de cualquier forma me encontrarás junto a la ventana.
>>Clock, clock, clock<<
Espera solo un poco. El semblante me falla, pero supongo que es de esperarse.
Dime si no, ¿que anfitrión no ha temido tu visita?
Perdona mis manos temblantes, no son mas que vestigios de humanidad en este cuerpo casi plástico, casi prefabricado.
>>clock, clock, clock<<
Ya casi advierto tu aroma, y lo helado de tu aliento. Detente reloj y abrazame por última vez viejo hermano.
>>clock<<
Una ráfaga de viento vuela las cenizas del tabaco. ¿O ha sido mi propio suspiro?
Han sido los últimos destellos de mis sentidos, al tiempo que se apagan y duermo.
miércoles, 3 de marzo de 2010
Sin título.
Que no sea en vano el esfuerzo,
¿Alguien escucha mi súplica?
Quisiera saber a donde va la taquicardia,
O si puedo confiar en que volverá
El insomnio en el que soy mía.
Mi decencia vendería
Por anfetaminas, feniletilamina,
Éxtasis de antro o de monja mística.
Mi compostura me arranco como cabello,
Mi tácita ansiedad me empala.
Morir, dormir, quizás soñar…
Quizás arrojarse a un río incoloro,
Como al mismo vacío
De haber nacido salvada
Y haber sido re-salvada en una pila bautismal.
¿Alguien escucha mi súplica?
Quisiera saber a donde va la taquicardia,
O si puedo confiar en que volverá
El insomnio en el que soy mía.
Mi decencia vendería
Por anfetaminas, feniletilamina,
Éxtasis de antro o de monja mística.
Mi compostura me arranco como cabello,
Mi tácita ansiedad me empala.
Morir, dormir, quizás soñar…
Quizás arrojarse a un río incoloro,
Como al mismo vacío
De haber nacido salvada
Y haber sido re-salvada en una pila bautismal.
El Hombre Del Siglo
El hombre de éste siglo tiene
un agujero en el sombrero,
tantas copas como cuentas,
un cáncer en el duodeno,
un puñado de mierda
siempre pronta a los labios,
besos rápidos de cianuro
y abrazos sulfurados.
Es una rata argentófila
con un juego de porcelana inglesa,
botones de hueso blanqueados
y una puta sentada a la mesa.
El desenfreno es su mejor deporte,
junto a las anécdotas improvisadas,
paga con lunas de vidrio barato,
luce con orgullo su moralidad cariada.
Es oriundo de La Desgracia,
amante sempiterno de la Decadencia,
epitafio amargo de la Historia,
Senador fiel de la Conveniencia.
martes, 2 de marzo de 2010
Paradoja
Es solo un segundo en el artefacto del tiempo. Nada más que un cuadro de la película, una fotografía tomada en pleno movimiento, pero se encuentra en mi cabeza tan claro como tu figura frente a la mía.
La habitación que nos rodea me resulta familiar, de describirla en una palabra la llamaría nuestro hogar.
El reloj ha dejado de latir, los minutos se han puesto en huelga y un cese total mantiene el tiempo en suspenso. Lo veo detrás de tí, veo al imponente padre tiempo de caoba, desafiando con su presencia a todo lo que intenta siquiera permanecer inmutable; y sin embargo mis ojos no han abandonado tu rostro.
Sé que debe ser primavera, las ventanas se encuentran abiertas dando paso a una cálida luz que inhunda a medias nuestra piel; siempre he tenido la manía de observar, si he de sincerarme eso puede ser desesperante, pero en este momento me invita a no perder de vista ni un solo detalle de la habitación. Ni el tiempo paralizado, ni las cortinas de seda congeladas a medio vuelo (apenas rozando por encima de tu rostro), escapan mi vista fotográfica.
Veo un viejo sillón y noto que los hilos han comenzado a abandonar las primeras costuras, consecuencia de incontables noches en vela, en tu compañía y en la de un buen libro. Distingo una mancha de café en los almohadones, derramada a causa tuya y de tu forma de hacerme reir incontrolablemente.
Una mesa de madera nos separa, y sobre ella dos tazas de té casi vacias, diferentes tan solo por la distintiva huella de labios carmesí sobre la inmáculada superficie de una de ellas. Los intricados dibujos en porcelana me remontan a incontables conversaciónes entre tu y yo, y en ese instante no logro ver la paradoja.
Si plasmara ese segundo sobre lienzos y en óleo podría ser una pintura practicamente simétrica. Como el reflejo de un espejo plasmaría dos tazas de té para las dos personas en la habitación, una frente a otra; practicamente simétricas, perfectamente complementarias.
Distingo un traje arrugado y una corbata suelta, evidencia de la noche anterior. Un vestido amarillo y sandalias de tela.
Es una fracción de segundo inmortalizada y carente de sonidos. Tu pecho no respira al compás del mío, y mi corazón no late al ritmo del reloj. El viento se ha detenido y ni los fragmentos del polvo han logrado escapar esta pausa.
Podría escribir mil paginas acerca de esta escena, describir a detalle cada una de las lineas de ese traje o las costuras del vestido; interpretar el significado de las tazas y explicar su razón de ser en ese instante y en ese lugar en particular; incluso dar vida a mil metáforas más a partir de la cortina inmóvil sobre tu rostro y el reloj a tus espaldas.
Podría plasmar en tinta y papel significado de nuestras vidas a partir de este momento disecado.
Pero la verdad es, que es sólo un segundo. Un destello en mi memoria de un recuerdo que aún no he vivido y que probablemente olvidaré. Esto es solo un eco destinado a renacer bajo otro nombre: deja vú.
Extiendo mi mano hasta encontrar la tuya, y el fantasma del reflejo reaparece al momento que tus labios tocan mi mejilla.
Sonríes y con franca voz me respondes:
"Es un placer conocerte."
La habitación que nos rodea me resulta familiar, de describirla en una palabra la llamaría nuestro hogar.
El reloj ha dejado de latir, los minutos se han puesto en huelga y un cese total mantiene el tiempo en suspenso. Lo veo detrás de tí, veo al imponente padre tiempo de caoba, desafiando con su presencia a todo lo que intenta siquiera permanecer inmutable; y sin embargo mis ojos no han abandonado tu rostro.
Sé que debe ser primavera, las ventanas se encuentran abiertas dando paso a una cálida luz que inhunda a medias nuestra piel; siempre he tenido la manía de observar, si he de sincerarme eso puede ser desesperante, pero en este momento me invita a no perder de vista ni un solo detalle de la habitación. Ni el tiempo paralizado, ni las cortinas de seda congeladas a medio vuelo (apenas rozando por encima de tu rostro), escapan mi vista fotográfica.
Veo un viejo sillón y noto que los hilos han comenzado a abandonar las primeras costuras, consecuencia de incontables noches en vela, en tu compañía y en la de un buen libro. Distingo una mancha de café en los almohadones, derramada a causa tuya y de tu forma de hacerme reir incontrolablemente.
Una mesa de madera nos separa, y sobre ella dos tazas de té casi vacias, diferentes tan solo por la distintiva huella de labios carmesí sobre la inmáculada superficie de una de ellas. Los intricados dibujos en porcelana me remontan a incontables conversaciónes entre tu y yo, y en ese instante no logro ver la paradoja.
Si plasmara ese segundo sobre lienzos y en óleo podría ser una pintura practicamente simétrica. Como el reflejo de un espejo plasmaría dos tazas de té para las dos personas en la habitación, una frente a otra; practicamente simétricas, perfectamente complementarias.
Distingo un traje arrugado y una corbata suelta, evidencia de la noche anterior. Un vestido amarillo y sandalias de tela.
Es una fracción de segundo inmortalizada y carente de sonidos. Tu pecho no respira al compás del mío, y mi corazón no late al ritmo del reloj. El viento se ha detenido y ni los fragmentos del polvo han logrado escapar esta pausa.
Podría escribir mil paginas acerca de esta escena, describir a detalle cada una de las lineas de ese traje o las costuras del vestido; interpretar el significado de las tazas y explicar su razón de ser en ese instante y en ese lugar en particular; incluso dar vida a mil metáforas más a partir de la cortina inmóvil sobre tu rostro y el reloj a tus espaldas.
Podría plasmar en tinta y papel significado de nuestras vidas a partir de este momento disecado.
Pero la verdad es, que es sólo un segundo. Un destello en mi memoria de un recuerdo que aún no he vivido y que probablemente olvidaré. Esto es solo un eco destinado a renacer bajo otro nombre: deja vú.
Extiendo mi mano hasta encontrar la tuya, y el fantasma del reflejo reaparece al momento que tus labios tocan mi mejilla.
Sonríes y con franca voz me respondes:
"Es un placer conocerte."
Habitación 313
No debería ser yo quién publique por vez primera algún contenido en este espacio porque, para empezar, siento que es un honor que no me corresponde. Pero terminé hace unos minutos un texto que titulé Habitación 313, muy breve, cuyo sentido se pierde por completo y cuya narración es, sinceramente, algo sin pies ni cabeza; y creo que debo compartirlo, para que puedan destrozarlo con los dientes como bien se merece.
_______________________________________
Me fui a la cama temprano y me dejé caer sobre las sábanas curtidas y hediondas a polvo, a humedad, a locura, a desenfreno, a lujuria, a pecado, a pasión y a descuido. No tengo nada que agregar con respecto a ello. Me fui a la cama temprano, me dejé caer sobre las sábanas y cerré los ojos pensando en nada, porque nada es lo que tengo dentro de la cavidad craneal donde se halla reposada mi masa encefálica. Tengo que decir que me toco con los nudillos la cabeza, como si fuese ésta una puerta, y el sonido que escucho me gusta, se siente como golpear una pecera sin peces adentro. Me fui a la cama temprano, me acosté sobre el lecho mugriento y levanté una cortina de polvo que me asfixió. Sí. Tosí y expelí un esputo sanguinolento sobre la cama que, como dije antes, estaba sucia. No me gusta la suciedad, me hace sentir inferior, aunque no sé realmente por qué lo digo. ¿Me siento inferior a qué?, los animales se lavan con saliva, pero esto me resulta muy asqueroso. Continúo. Me fui a la cama temprano y me tumbé sobre el edredón, mullido, pero que estaba muy sucio. La suciedad me enoja, me pone lo que se dice “de mal humor”. Hace unas noches pensaba en la razón de esto y no se me ocurrió otra más que atribuirle mi aversión al hecho de que soy, yo mismo, una persona muy aseada. Me fui a la cama temprano y rodé sobre las sábanas; pisé a un insecto, que vació su contenido viscoso sobre el edredón, ensuciándolo. El emplaste verdoso amarillento destilaba un olor particular. No me gustan los olores fuertes, aunque ése no lo era. Olvidé resaltar el detalle importante: ensució mi edredón. Y yo soy un individuo de cuya pulcritud depende la vida misma. Decía, entonces, que me fui a la cama temprano y me senté sobre los almohadones que eran dos, o tres, si mal no recuerdo. Y esos trozos de tela, que cree el hombre que están rellenos con plumas de ganso, están rellenos de ácaros, ¡rellenos de ácaros! Los sentí aquella noche subiendo por mi cuello, caminando sobre mi rostro, colándose por mis orificios, taladrándome la carne. Infernal, sí, y no sé por qué pululaban tantos ácaros si yo, como dije antes, soy una persona muy limpia. Me fui a la cama temprano y me acosté sobre el colchón desnudo. Había quitado el edredón y las sábanas: estaban inmundos, me sentía asqueado de estar sobre aquellos trapos. Pero no tenía otra lencería, pues la quemé tiempo atrás, así que volví a colocar las sábanas y el edredón en su lugar. Las paredes están sucias, el piso, la alfombra, el armario y las ventanas. Debo decir a Dorothy que asee mi recámara, ¿Dorothy, donde demonios estás? ¡Oh!, ¿en qué estaba?, sí, me había ido a la cama temprano y no logré conciliar el sueño, escuchaba voces desde afuera de la puerta, voces, voces, golpes, golpes; alguien se atrevía a interrumpirme, y nadie debe interrumpir el sueño de un hombre distinguido. Me fui a la cama temprano y no recuerdo nada más, sentí una punción en el brazo derecho. Quizá fue cosa de un resorte de la cama, aunque no sé cómo fue posible si está en perfecto estado, como si nadie hubiese dormido jamás sobre aquella. Es curioso, antes de despertar escuché que me llamaban, pero no a mí, si no a un tal “de la 313”. ¡Ah!, sí, debo volver a la cama, es lugar más limpio del mundo.
_______________________________________
Me fui a la cama temprano y me dejé caer sobre las sábanas curtidas y hediondas a polvo, a humedad, a locura, a desenfreno, a lujuria, a pecado, a pasión y a descuido. No tengo nada que agregar con respecto a ello. Me fui a la cama temprano, me dejé caer sobre las sábanas y cerré los ojos pensando en nada, porque nada es lo que tengo dentro de la cavidad craneal donde se halla reposada mi masa encefálica. Tengo que decir que me toco con los nudillos la cabeza, como si fuese ésta una puerta, y el sonido que escucho me gusta, se siente como golpear una pecera sin peces adentro. Me fui a la cama temprano, me acosté sobre el lecho mugriento y levanté una cortina de polvo que me asfixió. Sí. Tosí y expelí un esputo sanguinolento sobre la cama que, como dije antes, estaba sucia. No me gusta la suciedad, me hace sentir inferior, aunque no sé realmente por qué lo digo. ¿Me siento inferior a qué?, los animales se lavan con saliva, pero esto me resulta muy asqueroso. Continúo. Me fui a la cama temprano y me tumbé sobre el edredón, mullido, pero que estaba muy sucio. La suciedad me enoja, me pone lo que se dice “de mal humor”. Hace unas noches pensaba en la razón de esto y no se me ocurrió otra más que atribuirle mi aversión al hecho de que soy, yo mismo, una persona muy aseada. Me fui a la cama temprano y rodé sobre las sábanas; pisé a un insecto, que vació su contenido viscoso sobre el edredón, ensuciándolo. El emplaste verdoso amarillento destilaba un olor particular. No me gustan los olores fuertes, aunque ése no lo era. Olvidé resaltar el detalle importante: ensució mi edredón. Y yo soy un individuo de cuya pulcritud depende la vida misma. Decía, entonces, que me fui a la cama temprano y me senté sobre los almohadones que eran dos, o tres, si mal no recuerdo. Y esos trozos de tela, que cree el hombre que están rellenos con plumas de ganso, están rellenos de ácaros, ¡rellenos de ácaros! Los sentí aquella noche subiendo por mi cuello, caminando sobre mi rostro, colándose por mis orificios, taladrándome la carne. Infernal, sí, y no sé por qué pululaban tantos ácaros si yo, como dije antes, soy una persona muy limpia. Me fui a la cama temprano y me acosté sobre el colchón desnudo. Había quitado el edredón y las sábanas: estaban inmundos, me sentía asqueado de estar sobre aquellos trapos. Pero no tenía otra lencería, pues la quemé tiempo atrás, así que volví a colocar las sábanas y el edredón en su lugar. Las paredes están sucias, el piso, la alfombra, el armario y las ventanas. Debo decir a Dorothy que asee mi recámara, ¿Dorothy, donde demonios estás? ¡Oh!, ¿en qué estaba?, sí, me había ido a la cama temprano y no logré conciliar el sueño, escuchaba voces desde afuera de la puerta, voces, voces, golpes, golpes; alguien se atrevía a interrumpirme, y nadie debe interrumpir el sueño de un hombre distinguido. Me fui a la cama temprano y no recuerdo nada más, sentí una punción en el brazo derecho. Quizá fue cosa de un resorte de la cama, aunque no sé cómo fue posible si está en perfecto estado, como si nadie hubiese dormido jamás sobre aquella. Es curioso, antes de despertar escuché que me llamaban, pero no a mí, si no a un tal “de la 313”. ¡Ah!, sí, debo volver a la cama, es lugar más limpio del mundo.
