martes, 2 de marzo de 2010

Habitación 313

No debería ser yo quién publique por vez primera algún contenido en este espacio porque, para empezar, siento que es un honor que no me corresponde. Pero terminé hace unos minutos un texto que titulé Habitación 313, muy breve, cuyo sentido se pierde por completo y cuya narración es, sinceramente, algo sin pies ni cabeza; y creo que debo compartirlo, para que puedan destrozarlo con los dientes como bien se merece.
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Me fui a la cama temprano y me dejé caer sobre las sábanas curtidas y hediondas a polvo, a humedad, a locura, a desenfreno, a lujuria, a pecado, a pasión y a descuido. No tengo nada que agregar con respecto a ello. Me fui a la cama temprano, me dejé caer sobre las sábanas y cerré los ojos pensando en nada, porque nada es lo que tengo dentro de la cavidad craneal donde se halla reposada mi masa encefálica. Tengo que decir que me toco con los nudillos la cabeza, como si fuese ésta una puerta, y el sonido que escucho me gusta, se siente como golpear una pecera sin peces adentro. Me fui a la cama temprano, me acosté sobre el lecho mugriento y levanté una cortina de polvo que me asfixió. Sí. Tosí y expelí un esputo sanguinolento sobre la cama que, como dije antes, estaba sucia. No me gusta la suciedad, me hace sentir inferior, aunque no sé realmente por qué lo digo. ¿Me siento inferior a qué?, los animales se lavan con saliva, pero esto me resulta muy asqueroso. Continúo. Me fui a la cama temprano y me tumbé sobre el edredón, mullido, pero que estaba muy sucio. La suciedad me enoja, me pone lo que se dice “de mal humor”. Hace unas noches pensaba en la razón de esto y no se me ocurrió otra más que atribuirle mi aversión al hecho de que soy, yo mismo, una persona muy aseada. Me fui a la cama temprano y rodé sobre las sábanas; pisé a un insecto, que vació su contenido viscoso sobre el edredón, ensuciándolo. El emplaste verdoso amarillento destilaba un olor particular. No me gustan los olores fuertes, aunque ése no lo era. Olvidé resaltar el detalle importante: ensució mi edredón. Y yo soy un individuo de cuya pulcritud depende la vida misma. Decía, entonces, que me fui a la cama temprano y me senté sobre los almohadones que eran dos, o tres, si mal no recuerdo. Y esos trozos de tela, que cree el hombre que están rellenos con plumas de ganso, están rellenos de ácaros, ¡rellenos de ácaros! Los sentí aquella noche subiendo por mi cuello, caminando sobre mi rostro, colándose por mis orificios, taladrándome la carne. Infernal, sí, y no sé por qué pululaban tantos ácaros si yo, como dije antes, soy una persona muy limpia. Me fui a la cama temprano y me acosté sobre el colchón desnudo. Había quitado el edredón y las sábanas: estaban inmundos, me sentía asqueado de estar sobre aquellos trapos. Pero no tenía otra lencería, pues la quemé tiempo atrás, así que volví a colocar las sábanas y el edredón en su lugar. Las paredes están sucias, el piso, la alfombra, el armario y las ventanas. Debo decir a Dorothy que asee mi recámara, ¿Dorothy, donde demonios estás? ¡Oh!, ¿en qué estaba?, sí, me había ido a la cama temprano y no logré conciliar el sueño, escuchaba voces desde afuera de la puerta, voces, voces, golpes, golpes; alguien se atrevía a interrumpirme, y nadie debe interrumpir el sueño de un hombre distinguido. Me fui a la cama temprano y no recuerdo nada más, sentí una punción en el brazo derecho. Quizá fue cosa de un resorte de la cama, aunque no sé cómo fue posible si está en perfecto estado, como si nadie hubiese dormido jamás sobre aquella. Es curioso, antes de despertar escuché que me llamaban, pero no a , si no a un tal “de la 313”. ¡Ah!, sí, debo volver a la cama, es lugar más limpio del mundo.

4 comentarios:

-k. dijo...

Sin pies ni cabeza, pero me encanto este personaje.

No creo que esto merezca ser destrozado, al contrario, me parece que esta muy bien descrito el sentimiento de repulsión que tiene este personaje hacia la suciedad, realmente te hace entrar en la historia y querer correr a darte un baño.

Lo que quiero decir es que, esta muy bien logrado. Gracias por compartirlo.

Anónimo dijo...

A mi me gustó, el ambiente de la historia en parte dependía de la forma en la que lo narraras, y encajaron bien.
Un buen inicio para el Blog.

Flor dijo...

"Sin pies ni cabeza", como en 'Le Spleen de París', de Baudelaire. Las cosas que uno escribe no dándose o sí dándose cuenta demuestran que uno es un efímero eslabón en la dialéctica literaria. Pero ojo, ¡hay que tener un recontra talento para escribir semejante gran escrito!
Me gustó mucho, che. Sospecho identidades.
Besos, Oren.

Anónimo dijo...

yo lo interpretaría como la aberración inconsciente que tenemos hacia nosotros mismos por buscar ser perfectos y no serlo. el olvido y el nuevo comienzo.

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