Es solo un segundo en el artefacto del tiempo. Nada más que un cuadro de la película, una fotografía tomada en pleno movimiento, pero se encuentra en mi cabeza tan claro como tu figura frente a la mía.
La habitación que nos rodea me resulta familiar, de describirla en una palabra la llamaría nuestro hogar.
El reloj ha dejado de latir, los minutos se han puesto en huelga y un cese total mantiene el tiempo en suspenso. Lo veo detrás de tí, veo al imponente padre tiempo de caoba, desafiando con su presencia a todo lo que intenta siquiera permanecer inmutable; y sin embargo mis ojos no han abandonado tu rostro.
Sé que debe ser primavera, las ventanas se encuentran abiertas dando paso a una cálida luz que inhunda a medias nuestra piel; siempre he tenido la manía de observar, si he de sincerarme eso puede ser desesperante, pero en este momento me invita a no perder de vista ni un solo detalle de la habitación. Ni el tiempo paralizado, ni las cortinas de seda congeladas a medio vuelo (apenas rozando por encima de tu rostro), escapan mi vista fotográfica.
Veo un viejo sillón y noto que los hilos han comenzado a abandonar las primeras costuras, consecuencia de incontables noches en vela, en tu compañía y en la de un buen libro. Distingo una mancha de café en los almohadones, derramada a causa tuya y de tu forma de hacerme reir incontrolablemente.
Una mesa de madera nos separa, y sobre ella dos tazas de té casi vacias, diferentes tan solo por la distintiva huella de labios carmesí sobre la inmáculada superficie de una de ellas. Los intricados dibujos en porcelana me remontan a incontables conversaciónes entre tu y yo, y en ese instante no logro ver la paradoja.
Si plasmara ese segundo sobre lienzos y en óleo podría ser una pintura practicamente simétrica. Como el reflejo de un espejo plasmaría dos tazas de té para las dos personas en la habitación, una frente a otra; practicamente simétricas, perfectamente complementarias.
Distingo un traje arrugado y una corbata suelta, evidencia de la noche anterior. Un vestido amarillo y sandalias de tela.
Es una fracción de segundo inmortalizada y carente de sonidos. Tu pecho no respira al compás del mío, y mi corazón no late al ritmo del reloj. El viento se ha detenido y ni los fragmentos del polvo han logrado escapar esta pausa.
Podría escribir mil paginas acerca de esta escena, describir a detalle cada una de las lineas de ese traje o las costuras del vestido; interpretar el significado de las tazas y explicar su razón de ser en ese instante y en ese lugar en particular; incluso dar vida a mil metáforas más a partir de la cortina inmóvil sobre tu rostro y el reloj a tus espaldas.
Podría plasmar en tinta y papel significado de nuestras vidas a partir de este momento disecado.
Pero la verdad es, que es sólo un segundo. Un destello en mi memoria de un recuerdo que aún no he vivido y que probablemente olvidaré. Esto es solo un eco destinado a renacer bajo otro nombre: deja vú.
Extiendo mi mano hasta encontrar la tuya, y el fantasma del reflejo reaparece al momento que tus labios tocan mi mejilla.
Sonríes y con franca voz me respondes:
"Es un placer conocerte."
2 comentarios:
Lindo, de verdad que sí. Me encantó el "tu pecho no respira al compás del mío, y mi corazón no late al ritmo del reloj" ♥. La sensación que deja cuando acabas de leerlo es bien interesante.
lindo
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